¿Qué estás celebrando?

Es esa época del año en la que todo ha vuelto a la “normalidad” … ¿Te das cuenta de que “esa” puede ser CUALQUIER época del año?

Justo después de cada celebración, festividad o incluso fin de semana, volvemos a lo que es normal para nosotros. Nuestras rutinas y vidas habituales.

Y déjame preguntarte, ¿cuál es tu normalidad?, ¿Estás content@ y emocionad@ de volver a ella después de cada recess?

El momento en el que intentamos responder a estas preguntas es el primer paso hacia el cambio. Y déjame preguntarte algo más: ¿cuándo fue la última vez que celebraste una pequeña victoria? Algo de lo que estás orgullos@, algo que hiciste por ti, por pequeño o tonto que pueda parecer. Si te importa, es una VICTORIA.

Recientemente pregunté esto en un chat grupal, e invité a la gente a celebrar conmigo sus pequeños logros, y luego escribí una publicación al respecto en LinkedIn, en la que recibí muchos buenos comentarios y un par de mensajes directos. Me preguntaba por qué resonó tanto este tema y encontré algo interesante.

Según investigaciones, las celebraciones contribuyen a la felicidad y el bienestar. Las grandes celebraciones son parte de nuestras culturas, historia y expresión humana. Y las pequeñas celebraciones, nuestros logros de la vida diaria, al celebrar estas aumentamos el positivismo, nos dan una sensación de abundancia, nos empujan hacia adelante. No solo es un efecto mental, de hecho liberamos sustancias químicas en el cerebro que nos hacen sentir bien cuando celebramos.

Cuando alguien a quien amamos comparte sus logros o hace algo que “vale la pena celebrar”, nos sentimos verdaderamente felices y entusiasmados: el nuevo trabajo de un amigo o amiga, nuestros padres haciendo algo súper tecnológico, nuestros bebés caminando por primera vez.

¿Y nuestros propios primeros pasos? En cualquier área … ¡Queremos celebrarlos también! Al hacer esto, sabemos que estamos avanzando. Nos animamos y apoyamos a nosotr@s mism@s, tal como lo haríamos con un amigo o amiga.

¡Y lo necesitamos! – ¿por qué? Para estar presentes en nuestro proceso, para reflexionar y ponernos en contacto con nuestros propios sentimientos.

No volvamos al piloto automático, recordemos detenernos regularmente y observar dónde estamos ganando 🙂

qué piensas?